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Aurora García Rivas |
Aurora García Rivas (La Antigua, San Tirso de Abres, 1948) presenta
Catalina de Santisso, novela histórica que recrea el S. XVI en Galicia y el
occidente asturiano a partir de una leyenda muy conocida en su tierra.
¿Quién era Catalina
de Santisso?
Era hija de Sancho Lope de Santisso, hidalgo que en el s.
XVI tenía casa en lo que es hoy San Tirso de Abres la cual había pertenecido a su
familia, los Santisso, desde generaciones atrás.
¿Cómo llegó hasta
ella?
A través de su leyenda de la que Jesús Ferreiro de la Torre
—primer alcalde de la democracia durante veinte años y muy interesado en la
historia de nuestro municipio—, me habló de Catalina y me dio información sobre
el personaje.
Es su cuarta novela,
¿en qué se diferencia de las anteriores?
No tienen ninguna relación entre ellas.
¿Cuál ha sido el
proceso de investigación llevado a cabo sobre el siglo XVI en la zona en la que
se desarrolla la novela?
Muy laborioso, sobre todo las genealogías en las que hay
contradicciones y la cuestión de los apellidos,
que no siguen el criterio actual.
Usted recrea la vida
de una mujer joven en un siglo cambiante y convulso ¿qué la impulsó hacia este
personaje poco conocido?
Fueron varias cosas las que se conjugaron:
El conocimiento que se tiene de ella a través de su leyenda,
que habla de su dramática vida al lado de su esposo Vasco das Seixas y de su
trágica muerte a manos del mismo, que la acusaba de adulterio mientras la
apuñalaba.
El hecho de que hubiese vivido en el pueblo en el que nací
cuya casa conocía de toda la vida. La llamábamos “el palacio de Amaído” pero no
me llamó la atención hasta hace unos años cuando recuperaron documentos y
desenterraron un escudo.
También el hecho de que fuese hija del hidalgo que dio
nombre a San Tirso de Abres.
Su novela arranca de
una leyenda nacida de la voz popular ¿qué cuenta esa leyenda?
La leyenda de Catalina de Santisso, “A dona das torres”, cuenta el milagro que se produjo cuando su
padre —enterado de que su hija había
sido asesinada por su marido—, manda exhumarla y aparece incorrupta, manando
sangre fresca mientras por la capilla de la Magdalena, en la que está enterrada
dentro de la iglesia del monasterio de Sobrado dos Monxes, se esparce olor a
rosas y se escucha música celestial. Era la prueba de que era inocente de la
acusación de adulterio según las creencias de la época.
El libro habla de una
mujer marcada por un matrimonio pactado con consecuencias funestas ¿teme que se
tache a la novela de oportunista o tendenciosa?
Para nada. Cada lector sacará sus propias conclusiones. Yo
las respeto todas pero puedo asegurar que no es tendenciosa puesto que los hechos
son irrefutables. Tampoco es
oportunista; es cierto que está dedicada
a las mujeres maltratadas porque es lacerante el momento que vivimos y me
pareció justo, pero no es una novela sobre el maltrato sino sobre la vida de
Catalina.
¿Qué opina usted de
la literatura orientada exclusivamente a las mujeres?
No me gusta ninguna forma de arte orientado a las mujeres
porque pienso que es una forma más de marginarlas y encasillarlas. Sobre la
tierra convivimos hombres y mujeres. Somos dos partes de un todo,
imprescindibles las dos. Otra cosa son los derechos igualitarios. Pero ése es
otro tema.
¿Qué momento vive la
literatura actualmente?
Malo. Todo parece conducirnos al consumismo sin más. Con la
tele y los móviles se resuelve un altísimo porcentaje de acceso a la
“literatura”.
¿Cómo ha sido acogida
la novela en su tierra?
Muy bien. Estoy muy agradecida a todos los vecinos de San
Tirso, Taramundi y Lourenzá.
Su primera novela fue
publicada en fala ¿por qué no ha seguido publicando en su lengua vernácula?
He escrito en fala creo que lo suficiente para que en el
futuro haya constancia de que en San Tirso se hablaba esa lengua. Y digo bien,
hablaba, porque cada vez se habla menos. Era algo que debía a mi tierra. Forma
parte de su patrimonio inmaterial y merecía ser atendida porque, además, que está desapareciendo.
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